En la Rosaleda de los Xardíns de Méndez Núñez, los acuarelistas de As Xubias trabajaron en una mañana soleada donde la luz parecía ordenar cada rincón del jardín. Las palmeras se alzaban con elegancia sobre los senderos, mientras los rosales aportaban manchas de color que contrastaban con el fondo urbano. Cada pintor eligió una escena distinta: unos buscaron los reflejos de la claridad sobre el césped húmedo; otros, la armonía entre flores, esculturas y edificios. Entre pinceles y silencios compartidos, las acuarelas fueron capturando la serenidad del lugar, transformando una mañana cotidiana en una colección de paisajes llenos de calma y luminosidad.