El sábado, los acuarelistas de As Xubias encontraron inspiración en un rincón escondido donde la naturaleza parece detener el tiempo. El sendero discurría junto a un pequeño arroyo de aguas tranquilas que serpenteaba entre piedras cubiertas de musgo. Altos árboles entrelazaban sus ramas formando una bóveda verde, filtrando la luz del sol en suaves destellos que iluminaban el paisaje. Frente a ellos se alzaba un antiguo muro de piedra, parcialmente abrazado por la vegetación, testigo silencioso de historias pasadas. El murmullo constante del agua y el canto ocasional de los pájaros creaban una atmósfera serena, ideal para observar cada matiz de color y cada juego de luces y sombras. Los artistas desplegaron sus materiales y comenzaron a plasmar sobre el papel la belleza del lugar. Cada acuarela capturó una visión diferente de aquel paraje, donde la armonía entre el bosque, el arroyo y la piedra ofrecía un escenario lleno de encanto y sensibilidad.