En As Xubias no se mide el arte por la grandilocuencia, sino por la fidelidad al instante. Han aprendido que la acuarela no admite imposiciones, que exige paciencia, respeto y una cierta forma de honestidad que no se puede fingir. Quizá por eso han perdurado: porque no buscaron crecer, sino permanecer. Y al permanecer, sin darse cuenta, se multiplicaron.