En As Xubias, los acuarelistas se sitúan frente a una ría que, en la mañana clara, devuelve la luz como un espejo inquieto. El sol, bajo y firme, traza un camino brillante sobre el agua, mientras las pequeñas barcas permanecen suspendidas en una calma engañosa. A un lado, la vía del tren serpentea junto a la orilla, añadiendo una línea de fuga que rompe la quietud del paisaje. Observan curiosidades sutiles: el contraste entre movimiento y reposo, la geometría de los raíles frente a la fluidez del agua, la vida detenida en cada reflejo. Y así, pintan un equilibrio que nunca es estático.