En el Parque de Marte, en Monte Alto, los acuarelistas de As Xubias encuentran un rincón donde la luz parece detenerse sobre lo cotidiano. El banco, aún húmedo, guarda la memoria reciente de la mañana, mientras los árboles, de troncos retorcidos y ramas que caen como hilos, dibujan formas caprichosas contra el cielo limpio. Hay curiosidades en cada detalle: la inclinación improbable de un árbol, la sombra que se estira sobre la hierba, el contraste entre la quietud del parque y la presencia cercana de la ciudad. Allí pintan no solo lo que ven, sino lo que el lugar sugiere.