Desde el puente de O Burgo, en un sábado fresco de enero, la ría se extiende como una lámina contenida, donde el frío afina los contornos y vuelve más precisa la mirada. Los acuarelistas de As Xubias se detienen allí, no solo para observar, sino para descifrar ese equilibrio sutil entre el agua inmóvil y el pulso callado de la ciudad.